
En la década de 1960, el profesor del MIT Joseph Weizenbaum creó ELIZA, un sencillo programa informático que simulaba a un psicoterapeuta mediante la coincidencia de patrones y reglas lingüísticas básicas. Para su horror, Weizenbaum descubrió que las personas que interactuaban con ELIZA empezaban a establecer vínculos emocionales con el programa, compartiendo información profundamente personal y atribuyendo una comprensión casi humana a lo que era, en esencia, un algoritmo muy simple.
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